Errores de traducción que cambiaron la historia

¿Sabes que detrás de muchos hechos y datos históricos se esconde un error de traducción?

Para muchos la traducción es un proceso casi invisible que no puede calar en términos de importancia en el desarrollo global y local de nuestra sociedad. Más allá de un producto o servicio en una lengua que no entendemos, la traducción está presente, de manera cotidiana, en operaciones y acciones de las que no somos consciente y donde un traductor o un intérprete juegan un papel clave, como por ejemplo en el caso de las relaciones diplomáticas, las operaciones comerciales o los procesos jurídicos y judiciales.

Hace unos días os hablábamos en este blog acerca de cómo los errores de traducción afectaban al mundo de la literatura o el cine, hoy vamos a hacer un breve repaso sobre algunos errores de traducción que han tenido un impacto directo en la historia de la humanidad o en la forma de entender el mundo que nos rodea.

Errores de traducción (no siempre inintencionados) en la diplomacia

Las negociaciones y conversaciones diplomáticas siempre han dependido en gran medida de la fluidez en la comunicación entre ambas partes, por ello los errores vinculados con las relaciones internacionales pueden causar rencillas y disputas con graves consecuencias:

  • En 1830 París y Washington negociaban el acuerdo por el cual Estados Unidos adquiriría la Luisiana española de manos de Napoleón Bonaparte, que previamente había acordado su venta a los españoles. En este caso es curioso destacar una malinterpretación del verbo francés “demander” que llegó al punto de parar las negociaciones entre ambas potencias debido al tono de la comunicación. El gobierno francés “pedía” y el representante norteamericano creyó que “exigían”, lo que, por supuesto enfadó a este último que decidió parar las negociaciones, aunque finalmente cuando se resolvió el entuerto, las negociaciones llegaron a buen puerto para todos.
  • Por otra parte, a veces estos errores ocurren de forma intencionada para el beneficio “fortuito” de alguna de las partes, esto es lo que ocurrió en el Tratado de Waitangi entre la Corona Británica y el pueblo Maorí de Nueva Zelanda que fue firmado por 500 líderes tribales en el 1840. En este texto existen motivos para creer que los británicos usaron el tratado para seguir teniendo el control colonial sobre Nueva Zelanda, uno de los principales causantes de esta desconfianza, es el uso de la palabra maorí “Kawanatanga” en la versión maorí como aceptación de la convivencia con británicos a cambio de la protección de la corona, y su traducción inglesa por la cual los maoríes quedaban bajo la gobernanza de la corona a cambio de protección, dos visiones que demuestran que la comunicación no fue el fuerte ambas partes y que a día de hoy sigue suscitando polémica en el país.
  • Pero el error de traducción con consecuencias más catastróficas de la historia tuvo lugar en julio de 1945, tras la conferencia de Potsdam en la que los aliados exigieron la rendición del Imperio Japonés, que en caso de no aceptarla debería enfrentarse a su “destrucción total”. Sin que el gobierno nipón hubiera tomado una decisión final, el primer ministro Kantaro Suzuki contestó a los periodistas con un simple “mokusatsu”, que no es otra cosa que un simple “sin comentarios”. Sin embargo, el japonés hizo una pobre elección de palabra, ya que también puede significar “lo despreciamos”, como lo tradujeron buena parte de las agencias americanas. Solo diez días después, la primera bomba atómica, Little Boy, estallaba sobre Hiroshima.

Errores de traducción de proporciones bíblicas

En el plano religioso también existen errores de traducción que hasta que no fueron corregidos, crearon una distorsión entre el mensaje original y la representación humana de los eventos y personajes religiosos, además cometidos a veces por traductores ilustres, ya saben en casa del herrero cuchillo de palo:

El patrón de los traductores, San Jerónimo, es culpable de uno de los errores más sonados y reproducidos a lo largo de la historia. A él se debe que durante muchos siglos las esculturas y pinturas representaran a Moisés con cuernos. El santo, que tradujo la Biblia del hebreo y el griego, al latín (la Vulgata, el texto oficial de la iglesia católica entre 382 y 1979) confundió ‘karan’ (radiante, en hebreo) por ‘keren’ (cornudo), dado que el hebreo no emplea vocales.

El de Moisés no es el único error de traducción de la Biblia. Los profesores de griego suelen comentar como anécdota que la frase que supuestamente pronunció Jesús para alertar a sus discípulos de los peligros de la riqueza —«es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios»— en realidad es fruto de un error de traducción. El texto griego, que fue traducido al latín, usaba la palabra ‘kamilos’, que es una soga gruesa con la que se amarraban los barcos. No obstante, San Jerónimo lo entendió como ‘kamelos’ («camello»), cosa que a priori parece mucho más inverosímil.

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